Day 2 (yep, again) - Game Over

Eran la 1.30 am y Al se acordó que tenía que sacar el perro, así que le dije que lo acompañaba, y, cuando yo ya estaba por cerrar la puerta de casa, me dijo que llevara el skate, "sino, cuándo vas a andar?". Alrighty, dije, y agarré el skate, que intenté hacer correr en la veredita de baldosas con rayitas, pero no tuve mucha suerte (no tengo fuerza para nada y no sé hacerlo andar rápido, así que se me tranca fácilmente). Más llegando a destino, anduve un poco en la calle, cagada hasta las patas en las que eran bajada, y haciendo fuerza en las subiditas. Mientras Al paseaba a Otto, yo seguía andando (ya tenía calorcito, me saqué bufanda, campera, todo). Volvimos, y cuando estábamos saliendo de la casa de mis suegros, Al dijo "mirá cómo bajo el cordón en el skate". Y yo le dije "ok, yo te agarro" y me paré en la calle (estúpidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!). Se subió y, en lugar de saltar el cordón (o sea, obviamente, eso no le sale a nadie :P), se tiró por la entradita del auto. Y ahí el skate se le fue para adelante, y se cayó de espaldas (estupidaaaaaaaaaa, si se caía, era obvio que se caía de espaldas, o acaso no te la pasaste leyendo cosas en internetttttt!!!????). Ouch, ouch, ouch, dijo, se sentó y me dijo que le dolía el brazo, se tocó el hombro y me dijo que se lo había sacado de lugar. Me decía "agarrá el skate, agarrá el skate" (que había quedado a 5 metros en la calle donde no pasaba ni el viento), y yo le decía que iba a llamar a un médico. Agarré el skate, agarré las llaves que se le habían salido de los bolsillos, puse todo en la entrada de la casa y volví a sacarle la campera, porque le estaba dando calor y se estaba por desmayar. Cuando le saqué la campera, era obvio que se había sacado el hombro porque el hueso se le levantaba por abajo del buzo gris. Lo ayudé a levantarse, intentando que no se mareara y se cayera, porque estaba pálido como nunca lo vi en mi vida, y todavía estaba en shock por el golpe. Entramos, se sentó en el sillón, le pasé algunos almohadones para que apoyara el brazo, y llamé a la ambulancia. Mientras venían (que demoraron, como siempre, obviamente, demoraron... como 20 minutos, que a mí me deben haber parecido ocho horas), le di agua, intentaba que no se mareara, así que le decía que no cerrara los ojos. Yo me empecé a sentir mal (obviamente, con mi presión de 3 1,5, en cuanto me asusto me desmayo), entonces me saqué la campera, el buzo, y quedé de camiseta para que me diera frío y no desmayarme. Tomé agua, y le hablaba, pero no sabía qué decirle, y, a la vez, no podía creer que esto estuviera pasando y me sentía MÁS que culpable. No podía creer. No podía creer, primero haber sido tan pajera de haberlo dejado subirse, no podía creer que se hubiera lastimado, cuando la que me tendría que haber lastimado era yo, la pendeja idiota que quería el eskeit. No podía creer verlo medio desmayado, sin casi poder abrir los ojos, totalmente blanco, diciendo que le dolía. No podía creer que una pelotudez podía hacer esto; no podía creer que de un momento a otro estaba todo bien, y después, esperando la ambulancia.

Intentábamos no hacer mucho ruido porque la mamá de Al estaba durmiendo arriba (en ningún momento bajó, así que posiblemente no se enteró de nada; y hoy, cuando se haya levantado, seguramente se habrá extrañado por encontrar un skate en el living). El perro, por suerte, estaba encerrado en el fondo, y sólo lloró un poco después, cuando nos íbamos. Al rato, finalmente, llegó la ambulancia, una enfermera y un médico, le dieron una pastilla sublingual y una inyección ("una subcutánea, viteh?") para el dolor y la tensión. Le tomaron la presión y tenía 14 7 (debían ser como 10 y 5 puntos respectivamente más que yo seguro). Le pusieron una cosa de tela en el brazo para atárselo por el cuello (mi terminología técnica apesta), y dijeron que lo iban a llevar a Casa de Galicia, para que le hicieran una radiografía y para que el traumatólogo lo arreglara. Nos subimos en la ambulancia, en un viaje que duró doce millones de siglos (hasta la mega hiper loma del orto). Al iba en la silla de ruedas, con almohadones abajo del brazo para que no se le moviera mucho, y yo iba sentada al lado, y la enfermera también iba atrás. Nos dijo que el radiólogo podía demorar 2 horas y el traumatólogo otras 2, así que podíamos estar saliendo en 4 horas. Nos dijo también que era algo muy doloroso, y que le iba a doler mucho. (Daaaaa.) También preguntó si teníamos plata para volver, y obviamente, le dijimos que no. Pero ta, no me preocupaba demasiado, porque volvíamos en taxi y pagábamos al llegar. A partir de ahí empecé a querer conseguir un teléfono para llamar a alguien, quería llamar a Ani para decirle lo que había pasado y decirle que mañana (o sea, hoy) no iba a poder ir a la reunión, o que viniera, o que trajera plata, o algo, no sé. A las quinientas horas llegamos, lo llevaron para un lugar, para otro. Yo tuve que ingresar sus datos con un viejo que me quería cobrar 218 pesos, y entonces fui a hablar con el tipo del Suat para decirle, y al final no cobraron nada -no tenían que cobrar nada, bo, es una emergency-. Después lo llevaron en la silla de ruedas a sacarse una radiografía. Seguía con cara de dolor, super triste, super palidito. Yo estaba como loca. Cuando lo entraron a la sala de radiología (previa llamada del médico que estaba apolando a esa hora, obviamente, no?), yo caminaba por el pasillo de un lado al otro (laaaaaargo pasillo) llorando. No podía creer lo que había pasado, no podía creer estar en el hospital, los dos solitos, en esto, por una pelotudez. No podía creer que le doliera, no quería que le doliera más. Yo caminaba de un lado para el otro diciendo "no le duele", "no le duele", "no le duele". Soy como re supersticiosamente estúpida en esas cosas, pienso que si pienso en algo fuerte fuerte fuerte va a ser así. No quería que le doliera, no quería verlo con esa carita de sufrimiento. Porque él es re fuerte y re divino y no gritaba ni nada, pero se le veía en la carita que le dolía mucho. Yo me quería morir, no podía creerlo, no podía creerlo en serio.

Después de la radiografía -que por suerte había dado que no tenía ninguna quebradura ni nada-, lo bajaron a donde habíamos entrado antes, y un médico que estaba de guardia se había ofrecido a arreglarle el hombro. El enfermero que lo llevaba de un lado para el otro nos dijo que a él le había pasado lo mismo, y que la había dolido también al acomodárselo. Dijo que era una maniobra de menos de un minuto, y la enfermera de la ambulancia nos había dicho que después el alivio era instantáneo. Por eso, cuando el doctor (tuniquita verde, pelado, medio viejito) dijo que lo arreglaba pensé "yay, no vamos a tener que empezar 2 horas". Me hicieron salir, por lo que me fui a un pasillo de ventanas de vidrio bastante creepy (y totalmente vacío, por supuesto) y caminaba por ahí. Pensaba que iba a ir a todas sus clases con él, porque ya que no podía escribir más, alguien tenía que sacarle los apuntes. Pensaba que iba a ayudarlo en todo y no iba a dejarlo solito ni un momento. Iba a cuidarlo de la forma que no lo cuidé esa noche, con la patineta de mierda (y la reputa que la recontra mil parió). No lloraba, pero si pensaba en lo que realmente estaba pasando, me ponía a llorar en un segundo. Me decía a mí misma "no puedo llorar, porque si me pongo a llorar Tuqui se va a poner más nervioso". Ya bastante con haber sido la más imbécil del mundo y no haberme dado cuenta que no podía dejarlo hacer eso, y ya bastante con no saber qué mierda hacer cuando pasó todo, o querer tranquilizarlo diciéndole "quedate tranquilo, quedate tranquilo" (debo haber dicho eso ochocientas veces en la noche), cuando en realidad está claro que eso es peor decirlo que no decirlo. Dah, whatever... Por suerte el médico este le arregló el hombro y al ratito apareció Al en la silla de ruedas, con carita mucho mejor, ya no estaba tan pálido y estaba más sonriente. "Respiro", me dijo. Fuimos de nuevo a sacar otra radiografía, y cuando salió me la mostraron y me dijeron que estaba como antes de la patineta. Menos mal. Después le pusieron el -I would say- tabaquillo, trastoquillo, rocotocotillo, tabillete (esa fue colaboración de Al), bueno, como se llame, el vendaje en el brazo, atado atrás del cuello. Receta para los calmantes, orden para el traumatólogo la semana que viene (creo que jueves que viene de 12 a 15, creo -como si me acordara algo con el cague que tenía-). Dijeron un mes de venda, y un mes más de recuperación, todo con fisioterapia included, por supuesto. Era increíble como, de un segundo a otro, todo había cambiado, ahora ya no podía, por ejemplo, ir a clase solo porque no podía escribir, andar en el ómnibus de un lado para otro -menos que menos con mochila-, ir al trabajo, ir al aeropuerto el día que vinieran mis padres, ir a sus partidos de fútbol los sábados, y otros cientos de etcéteras más que me iba dando cuenta. Todo por un segundo de pelotudez.

Es horrible decirlo, pero yo pensé en algo así. En un momento del día, en la nochecita creo, se me vino a la mente algo como "pah, si vos te caés, que sos re alto, es terrible golpe". Odio mi instinto-o-lo-que-mierda-sea. Odio no haberme dado cuenta en el momento que lo pensé, para aplicar el típico "hey girl, you CANT know the future", y pensar nuevamente en eso para que no pasara. Fuck it. Ahora, dos meses de reposo. Y fucking god damned eskeit nunca más. Vendo skate, por si alguien quiere romperse alguna cosa.

Ojalá se me vaya el sentimiento de culpa en algún momento, porque por ahora no puedo creer que todo esto sea por mí y mi estupidez pre-adolescente. No puedo creer. Llegamos a casa, lo acomodé en la cama, le di agua, y por suerte se durmió rapidito. Yo me quedé un rato mirando la tele, asegurándome que estuviera durmiendo bien y no se despertara. Se ve que tengo esa cosa genética de mi mamá, mi tía y mi abuela de ponerme como histérica y super nerviosa aunque no quiera (eso sumado al PMS de mierda). Pero bueno, ahora ya está... Ahora a descansar y a ser mimado. Pobre mi Tuquito. Juro que si siempre lo quise, verlo así me hizo darme cuenta que lo quiero mucho más de lo que pienso que lo quiero. Se me partía el alma de verlo sufrir.

Te quiero mucho, amor. Curate.

Day 2 - Salt, please

El día empezó yendo al dentista, O SEA, pintaba día mala onda, doloroso, digamos. Siempre que voy al dentista salgo con toda la cara machucada, queriendo tomarme un calmante (bah, no siempre, sino últimamente). Pero hoy, thanks god who doesnt exist, no fue así, sino que, muy por el contrario, quedé contenta porque el tipo me dijo que iba todo bien y que veía un gran avance, yay. Además de eso, me puso gomitas en cuatro muelas, y no me duele para nada. Yay yay then. Después tuve que ir a la mutualista, porque en general no es muy conveniente enterarte EL DÍA que empezás a andar en skate que te habían dado de baja y que, por lo tanto, ya no tenés cobertura médica. Dangerous. Como le digo a Tuqui, para suicidarme, fumo. Entonces, decidí hacer las cosas bien, y organicé mi casi-que-aventura-turística, empezando por preguntale ochenta veces a Al cómo cornos llegar desde el dentista, a lo que él terminó contestándome que me instalara la guía no sé qué y me fijara. So I did, y me anoté todas las posibles combinaciones de ómnibus, paradas, dónde bajarme, hacia dónde caminar, etc.. (Tengamos en cuenta, que hace sólo 3 posts atrás yo comentaba mi total desubicación al tomarme un ómnibus por una parada en algo que quedaba AL LADO de mi casa; imaginen lo que es en algo que queda como por allá por Avenida Italia y algo, o que se va desde 8 de Octubre... dah, chino básico.) Tuve que caminar unas cuadras desde el dentista, por suerte, como el día estaba super soleado y precioso, no me dió tanto miedo (sep, eran las 12 y algo del mediodía, yo sé, pero soy chickenshit igual, qué va' 'cer). Tenía que esperar el 546, porque había sido la mejor opción entre las planteadas en la noche anterior -el día de la preparación de la excursión, digamos-. Cuando me subí, le pedí al conductor-cobrador que me avisara en 8 de Octubre y Centenario. Por supuesto, el viejo tarado con tos insistente no me avisó una mierda. Por suerte vi el cartelote de "Estadio Centenario" con una flecha, y también vi los muchos semáforos de los que Al me había hablado, explicándome cómo meterme efecticamente por Luis A. De Herrera, y no por alguna de las otras calles que hay ahí.

Caminé, mucho sol y mucha gente. Llegué al hospital, que estaba en obras, y donde la gente caminaba de un lado para el otro, porque la total falta de información sobre hacia dónde había que caminar para ir a cada lado hacía que todos caminaran en todas las direcciones. (La entrada provisoria es por la parte de personal, con un cartel que dice que se prohíbe la entrada a toda persona ajena a la institución... o sea... estaba complicado.) Hice los trámites correspondientes y fui a la parada del ómnibus, donde me tenía que tomar alguno de los siguientes ómnibus inexistentes: 182 o 405. Por supuesto que me tomé el 181, que por suerte pasaba por ahí también (I didnt know, y la guía informática esta que me instalé tampoco.) Estaba re orgullosa de haber podido ir y volver a todos lados sin problemas, como toda una aventurera! Dah, ni tanto, pero desconozco totalmente la ciudad y cuando tengo que ir a algún lado que nunca fui en ómnibus es todo un tema. (Mañana tengo que ir a M$ desde acá, otra cosa nunca hecha antes en mi vida. :P)

Más tarde fui a la pista del skate que está en la rambla, cerquita de Kibón. Estuve horas y horas mirando a los pibes y sus volteretas. Primero había 5 andando y como 10 comiendo y tomando vino en botella de plástico (era apenas pasado el mediodía, omg), sentados al costado, pero skateless, sólo estaban disfrutando el solcito. Yo miraba cómo se tiraban de un lado para otro, por las rampas, o cómo querían hacer tal y tal cosa (o cómo puteaban cuando no les salía), se filmaban con el celular, y de a ratos alguno iba a buscar agua (la primera vez comprada, la segunda de la canilla, porque se habían ido de presupuesto). Después, bastante después, llegaron 3 pibes más. Dos andaban salado, mucho más salado que el que andaba mejor de la tandita de más temprano. Era como que tuvieran el skate pegado a los pies, sobre todo uno, que quedaba en posiciones donde apostarías que se iba a caer, pero no, seguía tranquilo. Chiquito, medio morochito, me sonaba conocido, seguramente de la competencia a la que fuimos con Ani, en el mismo lugar, hace un año o dos (cómo pasa el tiempo!). Después llegaron 4 niños en bicicleta: dos nenas en rodado 26 y dos nenes en rodado 20 -porque eran más salados, viteh?-. Se tiraban por las rampas, mientras sus padres, abuelas, etc., los miraban desde el murito, tomando mate al sol. Era obvio que los nenes no era la primera vez que andaban por ahí, porque conocían a todo el mundo, sobre todo al que sería su ídolo máximo, un pibe medio gordito que llegó después en su bici 20, que sí, era un salado mal en la materia. Llegó con su amigo, que supuestamente estaba aprendiendo (hacía UN año, omg). A partir de ahí empezó a llegar más y más gente, cada vez más y más salados. Los personajes principales: DeGeronimi Jr. y El Colo, oppppbvio, mega protagonista de las competencias esas hace dos años. El DeGeronimi Jr. es un clon del querido Gustavito (te juro Annnnn! Casi le saco una foto, es idéntico, hasta tiene los mismos lentes!), y fue el que ganó la categoría más salada esa vez que fuimos a ver. Era EL sal, increíble. Después estaba el Colo, otro mega super salao, con una remera que me encantó, a rayas rosada fuerte y negras. A esa altura ya estaba todo lleno de gente. También llegó el más onda yanki rollerskater pro, con pantalones anchos, bandana en la cabeza y arriba gorrita de vicera, mochila enorme y su elemento: rollers profesionales (god, MI sueño cuando era chica, hasta tenía un dibujito atrás de la puerta de mi cuarto que decía "Lucky y sus patines" y era yo patinando). Venía con lo que podía ser su hermanito chico, o su hijo (actualmente, y más en este país, la composición familiar es rara). Se acomodaron en un rincón y los dos se pusieron los rollers (el pendejo también tenía de los pro). Y era re divino ver al chiquito subiendo y bajando las rampas (NO empezó ayer en esto, te aseguro), mientras el grande parecía salido de los X Games mal. Nunca vi en vivo algo así. En skate sí vi muchas cosas super cool y sobre todo porque en general, en ESPN, cuando pasan estos deportes alternativos, pasan cosas de skate. Lo vi dar unas vueltas en el aire al lado mío im-pre-sio-nan-tes. Vueltas para adelante, para atrás, de costado, increíble. O sea, si yo fuera él, pah... qué sal.

Mientras me volvía a casa, me crucé con más personas que iban para ese lugar (no es muy difícil darse cuenta, no?). O sea que el sitio es una fiesta en las tardes, y más en las tardes soleadas. Lo que será el finde, que anunciaron que vamos a poder andar de manga corta. Así que no aprendí el Ollie, ni el Manual, ni una mierda, pero estuve rato mirando a los que sí saben esas cosas (salvo uno, que un amigo le intentaba enseñar, y como no le salía, le decía "loco, no sé qué hacer con la pata de atrás, loco", ja). No fui a japonés, robándole de forma imperdonable el cuaderno a la pobre Aniti que me lo había prestado con tanta buena fe. Soy un desastre, sorry Aniti.

Day 1 – Just like on TV, right?

Me levanté en cuanto Al se fue para el trabajo, porque se ve que estaba algo alterada, en algo así como la onda de un niño en la mañana del 25 de Diciembre o 6 de Febrero (es el 6 o el 7?) cuando va a ver los regalitos que tiene en el arbolito o los zapatos. “Eskeit, eskeit, eskeit” pensé mientras me vestía y caminaba hacia el living. “Eskeeeit”, dije cuando lo vi. Mientras me despertaba, en mi cabeza daba vueltas la idea de que ‘si en los videítos lo hacen ver tan fácil, no puede ser taaaan complicado. C’mon, he aprendido Teoría de la Computación, esto no puede ser más difícil que computabilidad.”. Me subí y anduve 1 metro –bueh, el living no es tan grande como para poder decir que anduve media cuadra-, y después me subí de nuevo y me caí de culo en el piso. Shit. 'Bueno, no importa', pensé y me fui a poner mis protectores, agarré el celular, las llaves y la querida tablita, y me fui al garage. Estuve 1 hora 10 minutos practicando y me caí un par de veces, una vez un poquito y la otra bastante fuerte. Me pegué en el culo y en la mano, y la tablita de mierda siguió andando hasta chocar contra la pared, pero no me lastimé. Lo mejor de todo, siendo cagona y torpe como soy, fue haberme parado enseguida y vuelto a agarrar el aparatejo infernal. Lo agarré de nuevo y, aunque me dolía la mano, me subí para seguir practicando.

El día estuvo bien; no estuve mucho rato, sobre todo porque tenía miedo que apareciera alguien en el garage y me dijera algo (había un perro ladrando, seguramente de algún vecino y ya me molestaba lo suficiente, da da da). Tampoco quería que alguien me viera -sah, soy tímida, qué vamos a hacer-. Por lo menos aprendí a andar derechito sin caerme –mucho-, o a girar hacia la izquierda. El giro a la derecha se me complica un poco, pero bueno, ya le agarraré la onda. También aprendí a bajarme del skate levantándolo, o a hacerlo cambiar el lugar para donde apunta (o sea, si fuera la aguja de un reloj, puedo hacer que dé toda la vueltita, aunque de forma counterclockwise, porque la clockwise también se me complicó). Dah, estoy contenta. Me hubiera quedado un rato más si no fuera porque tengo que bañarme porque en un rato viene Gab (finallyyyyy, after ALL these years!), y además quería tomar agua (sep, tan pajuata que no bajé ni una botellita).

Ahora me puse a ver otros videos en YouTube. Si tengo suerte y todo sale bien, mañana tengo que aprender a girar mientras estoy andando, el Manual y el Ollie. Ah, no saben qué es eso? Googleen, just like I did. :P También necesito un compañero de skateboarding, alguien que me pueda enseñar algo o alguien con quien andar o lo que sea, porque sola... Hmmm... No me animo a ir a la pista de la rambla porque soy una turra y me voy a hacer moco a los dos segundos, aunque supongo que alguno de estos días iré, aunque sea a ver si hay alguien practicando (antes, por supuesto, tendría que ver qué tan lejos queda, cosa de no subirme a un ómnibus al pedo y/o caminar hacia la dirección contraria). Btw, cuando volví al apartamento corroboré que el piso plastificado dificulta mucho el tema, así que no creo que vuelva a andar acá adentro, lo cual es bastante bueno, si consideramos que el piso quedaría demasiado rayado si yo me pasara todo el día runnnn runnnn de un lado para otro. Anyway, estoy orgullosa de mi pequeño avance, mañana contaré qué tal me fue en el día 2.


Ps. Si no actualizo este blog en mucho tiempo es porque estoy internada o se me quebraron las dos manitos y no puedo escribir.

Day 0 – “I’m gonna do a sport”, “Really!??”, “Yeah, skateboarding”

Día cero del comienzo de mis quebraduras de brazo, torceduras de muñeca, tobillo, raspaduras, etcs. varios. Quería un skate (‘quiero un eskeittt’ fue el nick en el día), entonces, antes de ir a clase (segundo día del semestre, omg, qué aburrida que estoy), fui a buscar un skate. “Ah, te querés comprar una patineta? Es para alguien más?” me preguntó el tipo a quien después le compré los guantes, coderas y rodilleras (soy muy precavida, I know). “Na, es para mí”, “ah, buenísimo”. Yep, yep. En donde efectivamente compré mi bichito rodante me invitaron a su pista en Lagomar, esa que es como un bowl y donde si no te quebrás una pata te abollás la cabeza seguro. Obvio que voy a ir, cuando aprenda a pararme arriba de la tablita por lo menos.

Mis intentos de este día dejaron mucho que desear, sobre todo cuando, después de subirme un par de veces colgándome del cuello de Al para no caerme de culo, él se subió solito y no se cayó. Damn. De todas formas, estábamos en piso de parquet plastificado: cualquiera diría que no es el ambiente ideal para empezar en este deporte (sobre todos los vecinos a los que les hicimos ruido a la 1.40am).

Después miré videos en You Tube. Fucking pendejos de 4 años que saltan las escaleras. “Skateboarding for beginners”, pero en realidad es para beginners que ya hace 8 meses que están parados arriba de la ‘patineta’. Dah, anyways, esto va a ser divertido.

Oh lord wont you buy me a Mercedes Benz?

Hoy me cayó la ficha de que tenía que comprarme un reproductor de mp3 que pudiera llevar en el bolsillo sin morir de miedo pensando que, si me lo roban, tengo que pasarme dos semanas pasando canciones de cds a compu y de compu a iPod una vez más. Mientras íbamos en el ómnibus con Al, materialicé esta idea diciendo “quiero comprarme un reproductor mp3 trucho”. Por supuesto que eso significó, horas más tarde, estar sentada en mi casa buscando la forma de hacer llegar a mis manos un iPod shuffle de 1Gb color verde manzana. Esa tarea no es demasiado fácil en este paisito garra, donde uno puede encontrar uno rosado en Mercado Libre, uno gris en ya ni me acuerdo dónde, o uno que ni siquiera tiene fotito ni descripción ni información sobre su color en Devoto. O, aún más, puede encontrar accesorios para el preciado aparatillo en Tienda Inglesa, pero la página web no dice que lo vendan. Mandé un par de mails, hice un par de llamadas, y finalmente encontré los Apple Authorized Resellers de Uruguay (debería haber empezado por ahí, no?). Ni siquiera sabía que existía tal cosa aquí, pensé que la tienda de-alguna-forma-conocida-por-mí Mundo Mac estaba cruzando el charco. Pero no, resultó estar en esta ciudad, lejos, por allá, por donde ni siquiera sé qué ómnibus pasan (…como si existiera una zona donde sí sé qué ómnibus pasan). “Da, quiero el iPod –pensé- si lo tienen me tomo un taxi.” Llamé y sólo tenían naranja. “Quiero verdecito” pensaba yo. Antes había llamado a la otra tienda que encontré en las oficiales –pero no empecé por acá porque es acá donde está la historia-, y me habían dicho que no tenían, pero que podían encargarlo y que me demoraba unos 20 días. Después de hablar con la tiendita del reproductor naranja y teniendo en cuenta lo buena onda de la vendedora del otro lugar –onda piba re canchera que la tiene re clara y cuando vos vas ella ya fue y volvió ochenta y tres veces; la típica que si estás susceptible o cansada, sería lo más rompehuevos que podrías conocer en tu día-, fui a buscar plata al cuarto, me puse un jean, la campera y bufanda (para tapar el buzo de jogging gris de Al que uso todo el día y me daba pereza cambiarme, for a change), dejé una cartita de “Ya vuelvo” y me fui, no sin antes consultar en el mapa online donde cornos quedaba esta otra tiendita (que sabía que era en el barrio, pero no qué tan en el barrio). Quedaba como para la derecha y después dos cuadras hacia la rambla (aka Tomás Diago y 21 de Setiembre). No quería demorar mucho porque mi noviecito estaba por volver, además, no quería llegar a 21 de Setiembre caminando, porque es zona de peligro. Sabía que aunque tomara un ómnibus iba a tener que caminar por esa calle sí o sí, pero no es lo mismo tener que caminar 2 cuadras, que tener que caminar esas 2 cuadras más 2 cuadras alrededor de la zona… da, whatever. El tema es que consideré que el ómnibus era la opción para hacer las cosas eficientemente, y por eso estuve 20 minutos en la parada, con el pelo empapado porque acababa de ducharme (bueno, “acababa” considerando que después había lavado los platos, oh desperate housewife o’ mine), sintiendo el vientito heladito en la nuca y en la cara, y bien a la sombrita gracias a lo arbolado y pobladito en forma de edificios de esta parte de la city. Dije 20 minutos, y quiero aclarar: 20 minutos reloj. No pasó un ómnibus en 20 minutos y cuando efectivamente sí pasó uno –téngase en cuenta que, aunque no tenía idea, sabía que cualquier ómnibus que tomara me servía-, en realidad eran 3 juntos. Me subí al primero, cuando, mientras pagaba el boleto, me di cuenta que todo el ómnibus se estaba levantando de sus asientos. “Oh, fuck, no me digas que esos pasacalles que yo veía a lo lejos sí eran 21; damn, el Mc Donalds no se ve…”. Igual me senté cuarenta segundos en el primer asientito, como para hacer valer mis quincepesosconcincuenta, y después me bajé, junto con el 95% de los pasajeros del ómnibus. Qué boluda, con todos los gastos que tengo y todas las cosas que me quiero comprar compulsivamente todo el tiempo –algo que noté en el comienzo de esta semana, cuando mis compras para la conformación del disfraz de la Noche de la Nostalgia (HOY!) se salieron un poco de presupuesto-, y dando quincepesosconcincuenta por tres cuadras. (Nótese, además, que en 20 minutos las hubiera caminado quinientas veces.)


Me bajé y caminé mirando a todos a la cara (maldita costumbre que tengo de mirar a toda la gente que hay alrededor mío todo el tiempo), pensando felizmente “no te conozco”, “no te conozco”, “no te conozco”. Yay, 2 cuadras y ni un conocido: perfecto. Doblé a la esquina donde pensé que sería y efectivamente era (yay for web maps!), toqué timbre y me abrieron la puerta en una de esas tienditas chiquitas blancas con cosas lindas (aka Apple computers and accesories). Había un muchacho mirando un iBook con una rubia que miraba la pantalla, sentada en un banquito. “Hmmm… insulsa” diría Al, no podía ser esa la misma que me había hablado en el teléfono hacía un rato diciéndome que mañana, aunque siempre estaban abiertos los sábados, como era feriado, iban a estar cerrados, y que hoy estaban hasta las 20 horas, y que… y que… y que…, en fin, que había hablado mucho, risita included, como si yo quisiera alguna otra cosa que saber para cuándo iba a estar mi maldito reproductor manzanita. Por supuesto que yo tenía razón y al segundo apareció una morocha de rulitos, remera azul, y lentes con marco grueso color negro. El mismo tipo de lentes que usa quien es la contraparte en nuestro proyecto final de carrera, y que hoy estuve cerca de dos horas analizando si eran lindos o si simplemente me gustaban porque una vez conocí una persona que usaba lentes así. Como sea, esta morocha, que efectivamente rió a mi “yo llamé por un iPod shuffle verde” con la misma risa que yo había escuchado en el teléfono, me pidió que ‘pasara por ahí’ y me tomó los datos, anotándolos en un cuadernito con espiral mientras yo notaba lo espectacular de su letra. (Tan espectacular que calificaba para mi ranking de Best Handwritings Ever, donde por ahora existen cuatro participantes.) Llamó alguien por teléfono, ella tuvo que atenderlo y como la consulta se extendía me pidió disculpas, llamándome por mi nombre. Nunca me llaman por mi nombre, salvo tal vez cuando voy al dentista, es un tipo de contacto bastante desconocido para mí, no entiendo si tengo que ser canchera y hablarle por el nombre también o no, o si no importa, o lo que fuera. Mientras esperaba que terminara su conversación, di una vueltita mirando los PowerBooks y iBooks y etcs varios que había en el lugar. Después ella me dio mi recibo y me dijo que me llamaba en cuanto viniera el iPod, que me llamaba cuanto antes, que esperaba poder conseguírmelo para antes de lo estimado, que me había dicho veinte días para decirme algo peor caso, pero que esperaba conseguirlo antes, que me llamaba, que mejor me llamaba a mi celular para así se comunicaba más rápido, que cualquier cosa sino que yo la llamara, que si tenía cualquier consulta que la llamara, que se llamaba Mercedes. “Eh, sí, gracias, eh, te tengo que dar un beso ahora?” pensé yo cuando ella había terminado de decir doscientas setenta frases en medio minuto, y mi respuesta fue “no, no es su cumpleaños, estás comprando un electronic appliance” –sí, se nota que no estoy muy avispada hoy-. “Gracias” dije, o debo haber dicho dos veces, mientras ella seguía sonriendo y yo pensaba que ya tenía que irme a la puerta porque yo no tenía más que decirle y ella no tenía por qué seguir sonriendo (mis capacidades para interactuar con la gente son totalmente nulas, tendría que salir de frente a la computadora once in a while por lo menos). Volví a la calle y caminé riéndome de vuelta a casa, intentando esquivar grupetes de chetas de la zona, pensando en que no tengo ni idea cómo hablar con la gente. Por eso prefiero siempre ir al supermercado, donde no tengo que explicarle a nadie qué es lo que quiero. Self-service life. Me cuesta mucho, por ejemplo, en las tiendas, mirar a los ojos al vendedor o vendedora que me atiende, por eso también preferiría siempre comprar online, si fucking Apple o Amazon o lo que cornos fuera hiciera envíos internacionales de todos sus productos y/o, si mi tarjeta de crédito tuviera un límite más alto (qué peligro!).


Mientras caminaba pensaba en este post, pensaba en mi nuevo blog y cantaba oh lord wont you buy me a Mercedes Benz?, bien para la nostalgia de hoy, un poco porque la tipa esta se llamaba Mercedes, y otro porque estaba en una onda “ok, querés un iPod? Right, girl, let’s go buy it”, and I love that. Esta es una de las cosas que me gusta, y es justamente de lo que se trata el blog, de las cosas que me gustan, de los antojos, de las pelotudeces, de los detallecitos de todo tipo que hacen que los días sean mejores, de la forma que sea.


Tengo que ir a pintarme las uñas y tengo que ejercitar la gola para el karaoke de esta noche. Au revoir.